Marco Antonio Alvarado Solís, un abogado del Estado de México, ha dedicado la mitad de su vida a defender y representar a personas con discapacidad auditiva. Su labor se centra en la interpretación de la lengua de señas mexicana en el ámbito jurídico, un desafío que enfrenta debido a la complejidad del lenguaje legal y la falta de intérpretes capacitados en los juzgados.
En una entrevista, Alvarado explicó que la comunicación con personas sordas puede ser complicada, especialmente cuando estas no conocen la lengua de señas. A menudo, utiliza un método que él denomina "lenguaje rústico", que implica el uso de mímica y objetos para explicar conceptos legales complejos. Esto se vuelve crucial en situaciones donde el tiempo es limitado y los jueces no comprenden la necesidad de una explicación más detallada.
Con 50 años de edad, Alvarado ha sido testigo de las injusticias que enfrenta la comunidad sorda en el sistema judicial. Su motivación para estudiar derecho surgió tras observar cómo un defensor de oficio no podía comunicarse adecuadamente con un cliente sordo, lo que resultó en un juicio injusto. Desde entonces, ha trabajado incansablemente para mejorar el acceso a la justicia para esta comunidad, enfrentando los retos que presenta la falta de recursos y la sensibilización en el sistema judicial.